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Rescate del Vuelo dan-air flight 1008 en Tenerife

dan-air flight 1008

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Cuando la Montaña Llamó: Mi Experiencia en el Rescate del Vuelo del Dan-Air flight 1008 en Tenerife

Introducción

Era un viernes, 25 de abril de 1980, como cualquier otro en el grupo montañero «Isla de Tenerife». Nos reunimos para planear las rutas que íbamos a realizar ese fin de semana en cualquiera de las maravillosas montañas o paredes que tiene la isla. Guiados por nuestros veteranos compañeros, Bazochi, el Zapa y Antonio, ellos nos enseñaban a movernos en la montaña con respeto y seguridad, y nosotros, los más jóvenes, seguíamos atentos a cada consejo.

Pero aquel viernes, una noticia rompió la rutina: escuchamos por la radio que un vuelo estaba en problemas y había soltado combustible y equipaje sobre el mar, frente a las costas del Puerto de la Cruz. Poco después, se confirmó lo impensable: el avión se había estrellado en algún punto de la montaña. Aún estaba presente en nuestra mente el fatídico accidente de los dos Jumbos en el aeropuerto de Los Rodeos en 1977, y nos apenaba que esta tragedia fuera similar y que, además, marcaría la isla que tanto amábamos, como al final la marcó.

Con la urgencia de la situación, es importante destacar que ninguno de los presentes tenía formación militar, pero nos movíamos  al unísono -como si fuéramos soldados- para preparar todo el material necesario para la tarea que así nos iba a encomendar. Sacamos los mapas militares que habíamos comprado en la Capitanía General de Canarias. Eran los más precisos que teníamos y fueron clave para estudiar la zona y posibles puntos de impacto, como el «Zapatito de la Reina» Siendo finalmente «el Diablillo».

Radio Club Tenerife era nuestra única fuente confiable de información en tiempo real, y no nos despegábamos de esa emisora, intentando entender dónde dirigirnos. Sabíamos que necesitaríamos nuestras provisiones y equipos de escalada: cuerdas, clavos, mosquetones Mochilas botas material de  abrigo y todo lo necesario para cualquier rescate o para lo que se nos requiriera.

La salida hacia dan-air flight 1008

No recuerdo de quién fue la idea de salir, ni exactamente quién puso el coche, pero en cuestión de minutos ya habíamos empacado lo necesario y estábamos cinco personas dentro de un SEAT 850 de cuatro puertas, un coche pequeño para la carga que llevábamos. Íbamos con nuestras mochilas, la camilla de alta montaña —la “Percha”— y una mezcla de incertidumbre y sentido del deber, con la esperanza de poder colaborar en la búsqueda de supervivientes.

Yo, apenas tenía 15 años, y a todas luces era menor de edad. Antes de salir, ya había llamado a casa para avisar que me iba de acampada, algo bastante habitual en mí cada fin de semana. Sabíamos que, más adelante, en el cruce de Orticosa, había un control de la Guardia Civil que seguramente nos impediría pasar a Agustín Requena y a mí.

Así que, unos 500 metros antes de Orticosa, nos bajamos del coche y decidimos cruzar monte a través Sorteando el estricto control de la Guardia Civil que había en ese momento. Con ese desvío, logramos evitar el control, y unos 500 metros después del cruce nos volvimos a reunir con el grupo para seguir nuestro camino hacia el lugar del accidente.

Tras el control de la Guardia Civil en el cruce de Orticosa, en los altos de Arafo en Tenerife, comenzamos a encontrarnos con más vehículos, tanto de policía como de Guardia Civil, empezaban a incorporarse vehículos militares y la sempiterna presencia de la Cruz Roja cuando era militar. Todos íbamos hacia el mismo punto, hacia Fuente de la Reina, en una caravana sin fin que se extendía por las montañas, uniendo nuestros esfuerzos con el de los cuerpos de rescate.

El ascenso y el desafío en la montaña hacia el impacto del dan-air flight 1008

Una vez llegamos, nos encontramos con el cuerpo de coordinación, que nos iba indicando qué es lo que necesitaban que hiciéramos inicialmente. Como preveíamos, comenzamos a trabajar como zapadores. Posiblemente, éramos los mejores en trazar rutas seguras para facilitar el rescate de los restos humanos. No éramos el único grupo montañero que estaba allí; prácticamente todos los grupos montañeros pertenecientes a la Federación Española de Montañismo estábamos presentes y actuamos todos al unísono, con la misma misión y la misma visión.

Sin embargo, aquello que preveíamos hace un par de horas como una aventura interesante, incluso divertida, se convirtió en una auténtica pesadilla. Abríamos caminos, pero a la vez teníamos que apartar los restos humanos: brazos, piernas, vísceras, secciones de cuerpos completos, partes del aparato que se estrelló. Aquello fue muy duro.

La montaña, que normalmente era para nosotros un espacio de libertad y camaradería, se convirtió en un lugar sombrío y desafiante. Cada paso nos acercaba más a una realidad que no queríamos enfrentar, pero sabíamos que teníamos que seguir adelante.

Al finalizar nuestra labor, no pude evitar pensar en las familias de los 149 fallecidos. Ellas eran las que realmente sufrirían la pérdida, y en sus corazones, la montaña dejaría cicatrices que jamás sanarían. Esta experiencia, aunque dolorosa, se llevó a cabo con la esperanza de ofrecerles un poco de cierre y dignidad a aquellos que ya no estaban.

El impacto emocional del dan-air flight 1008

Al llegar, el impacto fue inmenso. Para un joven de 14 o 15 años, la escena era difícil de asimilar. Nos (me) enfrenta (mos) a la crudeza de la situación con la única preparación que teníamos: la fuerza de nuestro grupo y las enseñanzas de nuestros veteranos. Además del trabajo que estábamos haciendo, teníamos que comer. Algunos compañeros, con un humor ciertamente negro, hacían sombrías bromas que aún recuerdo. Sin embargo, ese humor negro me lo quedo solo para mí, puesto que es del todo fuera de lógica.

Aquello quedó grabado en mi memoria, esos dos días ayudando a aquellos que no podíamos ayudar. Nuestra parte era la más sencilla: hacíamos caminos y, después, utilizábamos la Percha —la camilla de alta montaña— para ir recolectando los cuerpos humanos. Pero no me quiero ni imaginar lo que debieron sentir los forenses que se reunieron en el aeropuerto de Los Rodeos para recomponer lo que quedaba de aquellos cuerpos.

Reflexión Final de Mi experiencia en el dan-air flight 1008

Ese día la montaña nos mostró una cara que nunca imaginé: un lugar de tragedia, pero también de solidaridad y comunidad. Mi experiencia, tanto en Campillos como en el grupo montañero, y otras muchas vivencias, han conformado en mí una persona dura pero piadosa. Conozco lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Paradójicamente, después de aquel evento, tuve que viajar en avión entre cuatro y cinco veces por semana, ida y vuelta, entre las Islas Canarias; una triste venganza del pasado.

Fue una experiencia dura, pero me enseñó el poder de la ayuda y el compañerismo en momentos de crisis. Aprendí que, en situaciones extremas, lo único que importa es estar ahí para apoyarse unos a otros, en el terreno difícil o en la vida misma.

Reflexiones acerca del dan-air flight 1008

No voy a entrar en valorar de quién fue la culpa.  Si el piloto si la torre de control si el aeropuerto o la carencia de un radar meteorológico, únicamente os voy a dejar los enlaces de aquellos recursos que he visto a través de Internet que pueden ser interesantes al respecto.

Este artículo únicamente quiere reflejar mi visión personal desde los ojos de un chaval de 15 años y que ahora con casi 60 lo relata por primera vez.

Aquel que haya llegado a este artículo buscando imágenes morbosas lo siento no las va a encontrar únicamente están en mi mente y esas se borrarán el día que fallezca

 

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