Protegido: Back to sixteens (reencuentro, regreso a los 16)
Protegido con contraseña
Introduce a continuación la contraseña para ver este artículo protegido:
Introduce a continuación la contraseña para ver este artículo protegido:
Desde el 2 de diciembre de 2024, entrará en vigor el nuevo modelo de Parte de Viajeros 2024 en España, establecido por el Real Decreto 933/2021. Este decreto afecta a agencias de viajes, hoteles, empresas de alquiler de vehículos y plataformas digitales. En este artículo, analizamos las ventajas y desventajas de este nuevo modelo en comparación con la legislación anterior y su impacto en el sector turístico.
Una de las principales preocupaciones planteadas por el sector turístico es la posible incongruencia entre el nuevo modelo de partes de viajeros y la Ley Orgánica de Protección de Datos (LOPD). La LOPD establece que cualquier tratamiento de datos personales debe ser lícito, leal, transparente y justo, y que se debe garantizar la seguridad de los datos.
Algunos expertos argumentan que la recopilación de una gran cantidad de datos personales por parte de las empresas turísticas podría entrar en conflicto con estos principios, especialmente si no se implementan medidas adecuadas de protección y seguridad de los datos. Además, la LOPD exige que los datos personales solo se recopilen para fines específicos y legítimos, y que se respeten los derechos de los interesados, incluyendo el derecho a la oposición y la supresión de datos.
El Ministerio del Interior ha asegurado que el nuevo modelo de partes de viajeros cumple con todas las normativas de protección de datos y que se han tomado medidas para garantizar la seguridad y privacidad de los datos recopilados. Sin embargo, la implementación efectiva de estas medidas y la supervisión continua serán cruciales para evitar posibles incongruencias y garantizar el cumplimiento de la LOPD.
la legislación anterior, basada en la Orden INT/1922/2003 y la Ley Orgánica 4/2015, también requería el registro de viajeros, pero con menos datos y menos requisitos tecnológicos. La normativa anterior se centraba en la protección de la seguridad ciudadana, pero no incluía la recopilación de tantos datos personales como el nuevo modelo.
La principal diferencia radica en la cantidad y el tipo de datos que ahora se deben recoger, así como en la forma en que se gestionan y almacenan estos datos. Mientras que el modelo anterior se enfocaba en un enfoque más simplificado de recopilación de información, el nuevo modelo exige un detalle más exhaustivo y un manejo más robusto de la información.

El nuevo modelo de partes de viajeros en España requiere la recopilación de una serie de datos adicionales para mejorar la seguridad ciudadana. Los datos que deben proporcionarse incluyen:
Estos datos deben ser registrados en la plataforma SES.HOSPEDAJES y conservados durante tres años a partir de la finalización del servicio.
El nuevo modelo de partes de viajeros representa un cambio significativo para el sector turístico. Las empresas deben adaptarse a una normativa más rigurosa que implica una mayor carga administrativa y desafíos tecnológicos. Sin embargo, esta adaptación también trae consigo la oportunidad de mejorar la seguridad y la eficiencia operativa, alineándose con los estándares internacionales.
Es crucial que las empresas encuentren un equilibrio entre cumplir con la normativa y garantizar una experiencia de hospedaje cómoda y segura para los viajeros. La capacitación adecuada del personal y la inversión en tecnología son aspectos clave para lograr esta transición de manera efectiva.
En resumen, el nuevo modelo de partes de viajeros ofrece beneficios significativos en términos de seguridad y transparencia, pero también presenta desafíos en cuanto a la carga administrativa y la privacidad de los datos. A medida que el sector turístico se adapta a estos cambios, la colaboración y el diálogo continuo entre las autoridades y las empresas serán esenciales para asegurar que la normativa funcione de manera efectiva y beneficie a todos los involucrados.
Era un viernes, 25 de abril de 1980, como cualquier otro en el grupo montañero «Isla de Tenerife». Nos reunimos para planear las rutas que íbamos a realizar ese fin de semana en cualquiera de las maravillosas montañas o paredes que tiene la isla. Guiados por nuestros veteranos compañeros, Bazochi, el Zapa y Antonio, ellos nos enseñaban a movernos en la montaña con respeto y seguridad, y nosotros, los más jóvenes, seguíamos atentos a cada consejo.
Pero aquel viernes, una noticia rompió la rutina: escuchamos por la radio que un vuelo estaba en problemas y había soltado combustible y equipaje sobre el mar, frente a las costas del Puerto de la Cruz. Poco después, se confirmó lo impensable: el avión se había estrellado en algún punto de la montaña. Aún estaba presente en nuestra mente el fatídico accidente de los dos Jumbos en el aeropuerto de Los Rodeos en 1977, y nos apenaba que esta tragedia fuera similar y que, además, marcaría la isla que tanto amábamos, como al final la marcó.
Con la urgencia de la situación, es importante destacar que ninguno de los presentes tenía formación militar, pero nos movíamos al unísono -como si fuéramos soldados- para preparar todo el material necesario para la tarea que así nos iba a encomendar. Sacamos los mapas militares que habíamos comprado en la Capitanía General de Canarias. Eran los más precisos que teníamos y fueron clave para estudiar la zona y posibles puntos de impacto, como el «Zapatito de la Reina» Siendo finalmente «el Diablillo».
Radio Club Tenerife era nuestra única fuente confiable de información en tiempo real, y no nos despegábamos de esa emisora, intentando entender dónde dirigirnos. Sabíamos que necesitaríamos nuestras provisiones y equipos de escalada: cuerdas, clavos, mosquetones Mochilas botas material de abrigo y todo lo necesario para cualquier rescate o para lo que se nos requiriera.
No recuerdo de quién fue la idea de salir, ni exactamente quién puso el coche, pero en cuestión de minutos ya habíamos empacado lo necesario y estábamos cinco personas dentro de un SEAT 850 de cuatro puertas, un coche pequeño para la carga que llevábamos. Íbamos con nuestras mochilas, la camilla de alta montaña —la “Percha”— y una mezcla de incertidumbre y sentido del deber, con la esperanza de poder colaborar en la búsqueda de supervivientes.
Yo, apenas tenía 15 años, y a todas luces era menor de edad. Antes de salir, ya había llamado a casa para avisar que me iba de acampada, algo bastante habitual en mí cada fin de semana. Sabíamos que, más adelante, en el cruce de Orticosa, había un control de la Guardia Civil que seguramente nos impediría pasar a Agustín Requena y a mí.
Así que, unos 500 metros antes de Orticosa, nos bajamos del coche y decidimos cruzar monte a través Sorteando el estricto control de la Guardia Civil que había en ese momento. Con ese desvío, logramos evitar el control, y unos 500 metros después del cruce nos volvimos a reunir con el grupo para seguir nuestro camino hacia el lugar del accidente.
Tras el control de la Guardia Civil en el cruce de Orticosa, en los altos de Arafo en Tenerife, comenzamos a encontrarnos con más vehículos, tanto de policía como de Guardia Civil, empezaban a incorporarse vehículos militares y la sempiterna presencia de la Cruz Roja cuando era militar. Todos íbamos hacia el mismo punto, hacia Fuente de la Reina, en una caravana sin fin que se extendía por las montañas, uniendo nuestros esfuerzos con el de los cuerpos de rescate.
Una vez llegamos, nos encontramos con el cuerpo de coordinación, que nos iba indicando qué es lo que necesitaban que hiciéramos inicialmente. Como preveíamos, comenzamos a trabajar como zapadores. Posiblemente, éramos los mejores en trazar rutas seguras para facilitar el rescate de los restos humanos. No éramos el único grupo montañero que estaba allí; prácticamente todos los grupos montañeros pertenecientes a la Federación Española de Montañismo estábamos presentes y actuamos todos al unísono, con la misma misión y la misma visión.
Sin embargo, aquello que preveíamos hace un par de horas como una aventura interesante, incluso divertida, se convirtió en una auténtica pesadilla. Abríamos caminos, pero a la vez teníamos que apartar los restos humanos: brazos, piernas, vísceras, secciones de cuerpos completos, partes del aparato que se estrelló. Aquello fue muy duro.
La montaña, que normalmente era para nosotros un espacio de libertad y camaradería, se convirtió en un lugar sombrío y desafiante. Cada paso nos acercaba más a una realidad que no queríamos enfrentar, pero sabíamos que teníamos que seguir adelante.
Al finalizar nuestra labor, no pude evitar pensar en las familias de los 149 fallecidos. Ellas eran las que realmente sufrirían la pérdida, y en sus corazones, la montaña dejaría cicatrices que jamás sanarían. Esta experiencia, aunque dolorosa, se llevó a cabo con la esperanza de ofrecerles un poco de cierre y dignidad a aquellos que ya no estaban.
Al llegar, el impacto fue inmenso. Para un joven de 14 o 15 años, la escena era difícil de asimilar. Nos (me) enfrenta (mos) a la crudeza de la situación con la única preparación que teníamos: la fuerza de nuestro grupo y las enseñanzas de nuestros veteranos. Además del trabajo que estábamos haciendo, teníamos que comer. Algunos compañeros, con un humor ciertamente negro, hacían sombrías bromas que aún recuerdo. Sin embargo, ese humor negro me lo quedo solo para mí, puesto que es del todo fuera de lógica.
Aquello quedó grabado en mi memoria, esos dos días ayudando a aquellos que no podíamos ayudar. Nuestra parte era la más sencilla: hacíamos caminos y, después, utilizábamos la Percha —la camilla de alta montaña— para ir recolectando los cuerpos humanos. Pero no me quiero ni imaginar lo que debieron sentir los forenses que se reunieron en el aeropuerto de Los Rodeos para recomponer lo que quedaba de aquellos cuerpos.
Ese día la montaña nos mostró una cara que nunca imaginé: un lugar de tragedia, pero también de solidaridad y comunidad. Mi experiencia, tanto en Campillos como en el grupo montañero, y otras muchas vivencias, han conformado en mí una persona dura pero piadosa. Conozco lo mejor y lo peor de la naturaleza humana. Paradójicamente, después de aquel evento, tuve que viajar en avión entre cuatro y cinco veces por semana, ida y vuelta, entre las Islas Canarias; una triste venganza del pasado.
Fue una experiencia dura, pero me enseñó el poder de la ayuda y el compañerismo en momentos de crisis. Aprendí que, en situaciones extremas, lo único que importa es estar ahí para apoyarse unos a otros, en el terreno difícil o en la vida misma.
No voy a entrar en valorar de quién fue la culpa. Si el piloto si la torre de control si el aeropuerto o la carencia de un radar meteorológico, únicamente os voy a dejar los enlaces de aquellos recursos que he visto a través de Internet que pueden ser interesantes al respecto.
Este artículo únicamente quiere reflejar mi visión personal desde los ojos de un chaval de 15 años y que ahora con casi 60 lo relata por primera vez.
Aquel que haya llegado a este artículo buscando imágenes morbosas lo siento no las va a encontrar únicamente están en mi mente y esas se borrarán el día que fallezca
Una vez dicho esto quiero bajar el tono. El ser humano es un compendio de amor y crueldad en donde podemos ver seres absolutamente maravillosos junto a seres de los más deleznable. podemos ser totalmente proteccionistas, a veces hasta lo mas insólito y por contra llegamos a ser de lo mas destructivo.
Bueno en este post pretendo ocuparme de la zona gris, de como podemos ser viles aprovechándonos de la debilidad de los otros bajo el amparo del grupo
La RAE define la Novatada como «1. f. En algunas colectividades, vejamen y molestias que los antiguos hacen a los recién llegados. «
Y voy a contar varios casos que me han ocurrido en mi trayecto vital que describen las novatadas, los tipos y al final espero mostraros mi punto de vista. También quiero aclarar que nunca sufrí novatadas de tipo físico, y nunca participé en novatadas de este estilo
Mi primer encuentro con las novatadas fueron en el colegio San José de Campillos, Málaga. Como conté hace tiempo yo era Bi-Novato, es decir que además de haberme incorporado en el año 76 nuevo al colegio, me incorporé con el curso empezado. En esta situación -la peor de todas- podía ser, y eras, objeto de las novatadas de todos los veteranos, es decir con más de un curso lectivo en el centro y a estos se sumaban las de los novatos, esos que se incorporaron a principios de curso y que ya habían pasado por las «bromas» de los veteranos.
Que yo recuerde, y la memoria no me falla habían una serie de bromas estándar y todas pasaban por la mofa y ver como el sujeto de la misma se liaba. También es cierto que ya no solo con 11 años participan en estas bromas, sino que los mayores y personal del centro participaban de forma «pasiva» en que estas llegaran al objetivo. La participación era por acción u omisión. paso a relatar alguna de estas tal y como contaba en mi primer viaje:
En todas estas se convencía al novato para ir a buscar el ticket, entradas o el numero para el uso de las duchas.
La Novatada, en la cual estaban todas las instancias del colegio involucradas, consistía en hacer recorrer al alumno incauto, el novato, por todos y cada uno de los diferentes estamentos que tenia el colegio, la consejería, la secretaria y a mayores la jefatura de estudios en donde se te alineaban los planetas con un severo correctivo manual.
Una vez terminada mi estancia en el colegio di paso a una época de bastante calma «novatil» en mi vida esquivando las novatadas una tras otra. Basicamente no es ponerte de frente , sino ponerte de largo y dejar que te resbale sin mucha atención y que el ejecutor de la misma cambie el foco del su victima a una nueva.
Esto hasta los 24 años en donde ingresé el las fuerzas armadas. Ahhh la «mili».
Corre el año del señor de 1989 (mucha literatura, amigos) era mas o menos el mes de febrero, pues yo era del 2º reemplazo del 89 y me incorporo al acuartelamiento de Almeyda, en Santa Cruz de Tenerife.
Desde ahí nos llevan a el cuartel-base de los Rodeos, que aparte de ser un NIR (Núcleo de Instrucción y Reclutamiento) en camiones militares, lo famosos Pegaso 3055, en donde en grupos de 20 en 20 o de 30 en 30 nos trasladarían por la autopista del norte hasta los Rodeos.
La verdad es que la suerte estaba echada, pasamos el proceso de todos, es decir el pelado «miliko», al 1 o al 2, pasar por el almacén para que te dieran el material, por las «compañías», que al ser artilleria anti aerea (RAMIX93) serían «Baterías» en donde el cabo cuartel o bien el furriel te asignaría una litera y una taquilla en donde colocar todas tus pertenencias y abandonar la vestimenta civil.
Este proceso lo vi en otras carnes durante al menos 4 reemplazos mas en el mismo cuartel.
En ese mismo momento se nos empieza a aleccionar acerca de la utilidad de denunciar las novatadas (modo chivato) pues estaban absolutamente prohibidas estas dentro del Código Penal Militar de 1985. Esto es porque a alguien se le fue la mano…. Y mucho
De las novatadas mas famosas en la Mili eran, por ejemplo «La Radio» o » La Gramola» con todas y cada una de sus variantes, positivas, graciosas y negativas. Básicamente consistía en meter al pobre recluta en una taquilla (no se como con mi 190 cm de altura podrían conmigo) se le encerraba y se le pedía cantar canciones. La Variante de la Gramola, era básicamente lo mismo pero con monedas. Psicológicamente y desde un punto de vista objetivo esta podía hacer crear unas risas y hasta algo de sentimiento de equipo, eso si esta acción no se llevaba mas alla de ser una broma. El problema es que esta novatada, unos años antes, acabo con la vida de un recluta al tirar los «veteranos» (salvajes) a su victima con la taquilla cerrada a una piscina.

Izado o Arriado de bandera, cortesía de El diario
Otra que tenia sus variantes era el buscar «La llave del Cuarto de Banderas» o la «Peladora de Gambas» esta segunda normalmente quedaba en desuso «persé» ya que las gambas no eran nada habituales en los cuarteles (…).
Aquí viene mi vivencia personal. Desconozco el número de dias que ya llevaba en el cuartel donde se te imbuia la vida castrense que, sinceramente, no se diferenciaba de mis vivencias de 13 años atras, y mas o menos a la altura de el internado. Disciplina, mucha pero que, al menos para mi no era del todo ajena.
Bueno, en los exteriores de la compañía de las FAMET me cruzo con un cabo -de ese cuerpo- el cual cuando me ve viene directo hacia mí y me interpela:
yo ya estaba en modo alerta, me venía a la cabeza que por ahí había pasado casi toda mi promoción del 76-77
Y ahí que salí escopetado hasta la siguiente esquina y, cuando estuve seguro que no me veía, aflojé el paso y seguí con mi actividad.
Hete aquí que, por la tarde, y no sé de dónde venía ni a donde iba, a lo lejos veo al cabo de las FAMET, con su boina y charreteras azules y su uniforme mimetizado, y en mi mente empieza a germinar una idea malvada, se comienza a a mascar la tragedia
Salgo corriendo hacia él y entre nervioso y marcialmente novato le saludo a la gorra…
Mientras seguía hablando veía como las puertas del infierno se abrían bajo ese pobre hombre, Una mano roja asomada por estas puertas e intentaba agarrarlo por los pantalones ya que un estúpido novato, machaca, recluta de M**** le había denunciado «sin quererlo» con su imbecilidad e idiotez al comandante de la guardia
Y acto seguido, me cuadré, pegué un taconazo con mi 46, le saludé a la gorra muy marcialmente y me di media vuelta lo más rápido que pude, dejándolo con sus funestos pensamientos. Según abandonaba el lugar de hecho, veía como unas nubes grises de desesperanza se guiaban hacia su cabeza a la vez que las llamas del infierno salían de las puertas y quemaban los pies del pobre cabo y aquella mano intentaba asirlo…..
Unos días más tarde nos volvimos a cruzar y vino hacia mí con una sonrisa picarona y hasta divertida:
Cómo diría Forrest Gump «La vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar»
